Sigmund Freud Paris 1938En 1938, Freud y su familia recibieron dos visitas de la Gestapo en su casa de Berggasse 19, Viena. En la primera requisaron la vivienda y se llevaron todo el dinero de la caja fuerte (una suma considerable). De cara a este asalto, el único comentario del viejo psicoanalista fue: “Ni yo mismo he cobrado nunca semejante suma por una visita domiciliaria.”

En la segunda visita se llevaron a Anna, la hija menor de Freud, quien ya para esa época, al igual que su padre, se dedicaba al psicoanálisis. Luego de 24 horas de detención, Anna fue liberada. Este último episodio, que se encadena a otros, es el que probablemente decide a Freud a emigrar a Londres. Desde la llegada de los nazis a Austria, amigos y colegas del Herr Professor habían insistido (sin éxito) en la conveniencia del exilio. Con la ayuda de colegas y amigos, en especial Ernst Jones y Marie Bonaparte, y la asistencia de importantes influencias políticas, Freud y su familia obtienen un salvoconducto a Inglaterra.

Antes de la partida a Londres, y por tercera vez, Freud es visitado por la Gestapo; en esta ocasión le solicitan al anciano Herr Doktor que escriba una carta de su puño y letra indicando que la Gestapo no lo había tratado mal. Entonces Freud, escribe esta nota: “Le recomiendo calurosamente a todo el mundo la camaradería de la Gestapo.” Luego Freud, el 4 de junio de 1938, emigró a Londres.

Ya en Londres, un periodista le preguntó que pensaba sobre la quema pública de sus libros, a lo cual el anciano Freud recurrió nuevamente a su fino humor: “Hemos mejorado, antes me hubieran quemado a mí”.

Todo psicoanalista sabe que la interpretación, tal como Freud la pensó en el análisis, tiene estructura de chiste, siendo la interpretación ser “efecto de verdad”. S. Freud no abandonó nunca, al parecer, su lúcido humor analítico, ni aún en los momentos más trágicos de su vida. Sus comentarios lejos de ser sólo simples ocurrencias ingeniosas, representan la modalidad de la agudeza freudiana para interpelar la subjetividad de su época; con ese estilo único, como diría Lacan, del hombre que en solitario, supo hacerse solo en relación con el inconsciente.