¿Por qué hablamos? Porque buscamos una respuesta. ¿Por qué buscamos una respuesta? Porque la pregunta no la podemos responder en soledad; y debemos apelar al Otro, del cual esperamos la verdad; es decir, la respuesta verdadera. Podemos llegar a la exigencia incluso; al caso de exigir que el Otro por fin responda de verdad con la verdad. La neurosis tiene sus modos de vérselas con estos retorcimientos de la demanda.

¿Qué subyace a los retorcimientos de la demanda? Subyace la pregunta por el Ser: ¿Quién soy? Se trata de encontrar la respuesta a esta pregunta. A veces se trata en un tratamiento. Un psicoanálisis es la ocasión para que una pregunta de este calibre tenga consecuencias. Hablamos porque ante todo, antes que nada, dirigimos nuestra demanda al Otro. Y esperamos que este Otro colme mi demanda. Que la colme sin engaños, que llene el vacío que se abre ante mí cuando me pregunto ¿quién soy?

“Todos somos extraños para nosotros mismos y si tenemos alguna sensación de quienes somos, es sólo porque vivimos dentro de la mirada de los demás”, afirma el escritor estadounidense Paul Auster. Y en sintonía con esa extrañeza, el escritor que es Paul Auster, escribe para develar el misterio. ¿Quién es ese extraño que descubro en mí? ¿Quién es ese extraño al que busco reconocer en la mirada del Otro?

Cuando el sujeto llega a la consulta plateando lo que no anda en su vida, y dice no saber por qué le sucede lo que le sucede, es su forma de presentar su pregunta por el Ser. Es su manera de decir que sus identificaciones ya no responden bien a la pregunta ¿quién soy? Por esto es importante autorizar la palabra del sujeto en esta revelación, porque es el modo vacilante en el que el sujeto propone un punto de partida muy preciso: la singularidad de su modo de estructurar su pregunta por el Ser en el tiempo en el que el Otro no responde. Es también, claro está, su denuncia, su protesta, además.

“Todos somos extraños para nosotros mismos”, escribe Auster. Somos extraños, extranjeros, habitando un “nosotros mismos” en el que no nos reconocemos. Un análisis es el recorrido en el cual alguien ha decidido escribir la respuesta propia, singular, a la pregunta ¿quién soy? Una estrategia ética para salir de la oscuridad de habitar la extrañeza, cuando esta extrañeza se ha vuelto inhibición, síntoma y angustia.  Es, para decirlo todo, la posibilidad de encontrar el modo de abandonar su insistente demanda imposible de colmar; su peculiar modo de cruzar el umbral a partir del cual es posible un nuevo amor.